Habían estado persiguiéndolos durante tres semanas a lo largo de las tundras heladas del norte y por fin los encontraron. En el fondo del valle rodeado de bosques, se encontraban acampados de los pocos traidores que habían sobrevivido al asedio de Ursular.
A través de los magnoculares, Rethel vio como los traidores habían finalizado un ritual para pedir el favor de sus oscuros dioses y ahora estaban recogiendo el campamento para seguir su camino hasta perderse en las montañas, pero esta vez no irían muy lejos.
-Aquí Cazador para Alfa.- Dijo por el comunicador de su armadura.- Tenemos al enemigo localizado en las coordenadas 47.099/ 12.346.
La respuesta llego rápida.
-Aquí Alfa, buen trabajo. Tomad posiciones y esperar el momento.- Sonó en el comunicador
Rethel se giro hacia sus hermanos de manada que estaban desplegados en un perímetro de seguridad en las escarpaduras y dio una orden por el intercomunicador de escuadra.
-Nos movemos.- Dijo
Con una coordinación que solo dan los años de experiencias y combate luchando juntos, los Cazadores Grises se escabulleron de sus posiciones y volvieron hasta el pie de la montaña, donde habían dejado el Razorback.
En una hora, Rethel y su escuadra de Cazadores Grises se habían posicionado en uno de los flancos del campamento, ocultos por los árboles y la ventisca que se había desatado. Prepararon sus bolters, seleccionaron los objetivos, y esperaron pacientemente a cerrar la trampa.
Poco después, un rugido llego desde la entrada del valle. Un Rhino avanzaba a toda velocidad en dirección a los traidores, que ya estaban listos para partir. La sorpresa corrió por toda la fuerza enemiga, que desembarco de sus camiones y vehículos y se prepararo para acabar con la amenaza.
Cuando el vehiculo imperial estaba a poco mas de doscientos metros, empezó una lluvia láser que impacto contra su blindaje frontal si daño alguno. Hábilmente el conductor esquivo un par de misiles antitanque y dos descargas de un cañón láser que estaba montado en uno de los camiones de los traidores. Cuando el Rhino llego a cincuenta metros de las improvisadas líneas de los herejes, paro en seco y lanzo una descarga de granadas de humo que lo ocultaron. Y en ese preciso instante comenzó la matanza.
Un coro de aullidos resonó contra las paredes del valle. Dos poderosos rayos láser surgieron entre los árboles del bosque, destruyendo uno de los vehículos enemigos. Los Cazadores Grises emergieron entre la espesura, aullando y disparando sus bolters, masacrando a los aterrados herejes que ahora se veían atacados por el flanco. El Razorback salio rugiendo del bosque, tumbando árboles a su paso y disparando candentes descargas con sus cañones láser acoplados.
En ese instante, de entre el humo generado por las granadas del Rhino apareció una visión terrible para cualquier enemigo del Emperador. Diez Garras Sangrientas corrían a toda velocidad, blandiendo sus armas en el aire, disparando sus pistolas bolter y aullando juramentos e insultos contra los herejes. De entre toda la jauría, el Jefe de la Guardia del Lobo Framdall acelero su carrera y fue el primero en llegar hasta los herejes. El choque fue brutal, ya que los Garras Sangrientas estaban sedientos de sangre tras tres semanas de infructuosa búsqueda por los valles helados. Herejes desmembrados saltaban por los aires por los furiosos hachazos de los jóvenes lobos.
Un hereje equipado con una poderosa armadura y cubierto con una tunica se adelanto de entre las líneas de aterrados traidores y se lanzo contra Framdall. Este, intuyendo los movimientos de su atacante, se lanzo a un lado, fintó con su espada gélida y la clavo en el torso del comandante enemigo, matándolo al instante.
Con su líder muerto, los herejes, aterrados y rodeados, rompieron filas e intentaron huir. Framdall observo la situación, y lanzando un aullido que fue respondido por los Garras Sangrientas de su alrededor, fue en persecución de los pobres infelices que osaban darle la espalda a los mejores guerreros y cazadores del Emperador.
La escuadra de Cazadores Grises y el Razorback acabaron con los vehículos que quedaban de los traidores y los registraron para encontrar alguna información valiosa.
Desde lo alto de uno de los camiones, Rethel observo como los Garras Sangrientas perseguían y acababan con los supervivientes y se sonrío para si mismo, recordando los tiempos en los que el y sus hermanos habían sido jóvenes lobos y también habían estado tan ansiosos por la batalla, la bronca y la acción.
Hakkon llego hasta el y observo a los Garras Sangrientas.
-Nos hacemos viejos, amigo.- Dijo Hakkon.
-No, nos hacemos mejores.- Respondió Rethel.- Y todavía podemos enseñarles a esos jovenzuelos como se caza de verdad.-Entonces sonrío a Hakkon, mostrando unos largos colmillos, mientras desenfundaba su espada, y salto del camión en dirección a los frenéticos Garras Sangrientas que perseguían a los herejes.
Hakkon rio estruendosamente, blandió su hacha, lanzo un aullido y corrió en pos de su hermano. Todavía tenían algo que enseñarles a los pequeños lobos.
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